martes, 5 de junio de 2007

Bitácora de vuelo_0005

Sábado 2 de junio, segundo vuelo. POR FIN!!!
Bueno, la mano viene así. Después de liberarme de algunos compromisos que me tenían atado al suelo, me dispuse a mirar todo desde arriba.
Con la mochila a la espalda camino las 5 cuadras a la parada de colectivo. Si, colectivo. No es la primera vez que me muevo por la calle con mi equipo a cuestas, luego subo y pago el pasaje. Es divertidísimo ver la cara de la gente e imaginar que se preguntan que llevo a cuestas; miran atónitos la terrible joroba que cargo, me miran a mí y la joroba de vuelta y yo como si nada.
Supongo que no pueden ni imaginar que guardo dentro y menos que con eso puedo volar. Todo sigue siendo magia. Alguien, alguna vez, siquiera pudo imaginar poder salir de su casa, tomar un colectivo, viajar sentado cómodamente por algunos minutos, llegar a destino y sacar de una bolsa un poco de tela e hilos y estar volando al poco tiempo? Es sencillamente magia.
Pero por ahora seguimos en tierra. Llego a lo de Cesar y de ahí al campo. Va llegando el resto del grupo y nos preparamos. El viento está ligeramente cruzado sobre la pista que tiene orientación N-S y soplaba ligeramente S-SE. Un par de infladas, las indicaciones del caso y la pregunta:
- -Vamos?
- -De una- respondo. Y fuimos.
Todo verificado y estamos listos. A mi señal la camioneta empieza a moverse y yo con ella, la_colo sube detrás con poca decisión, se me va costado, no logro estabilizarla y a los pocos metros de carrera se aborta el despegue. Mal.
- -Vamos de vuelta?
- -Mas vale!
Otra vez acomodamos la_colo, verificamos todo y ahí vamos. Esta vez la_colo se eleva sin problemas y tras algunos pasos siento que todo va bien. Ya no siento mi peso descargo sobre el suelo, me elevo lentamente y todo empieza a quedar abajo, como debería ser. Cabe agregar que mi atuendo no era el mejor para la ocasión y que estaba bastante fresco. Allá arriba no hay problemas mundanos, pero hace bastante frío. Pero eso importa.
Creo que manejé bastante bien y solo el remolque, en la radio lo tenía a Max dándome indicaciones y me decía que todo estaba bien y así lo sentía. Llegando al final de pista me da la orden de soltar y suelto. Lo mismo de la primera vez, todo muy suave, nada de sorpresas, solo termino de relajarme y me dispongo a disfrutar del vuelo.
El frío? El frío no importaba, estaba volando y que nadie ni nada se atreva a molestarme. Max me dice que me prepare para girar a derecha y tiro del mando para iniciar el giro. Esta vez lo siento mucho mejor que la primera vez. El cuerpo se inclina junto con el horizonte y la perspectiva cambia. Vuelo paralelo a pista perdiendo altura volver a girar y enfrentar la pista para el aterrizaje. Todavía es poco fácil tener noción de altura y dependo de lo que me indiquen por radio. Ya enfrentado a la pista y con el viento en la cara me preparo para volver a la firme realidad. Aterrizo sentado sin mayor problema y con una sonrisa de oreja a oreja. Ahí vienen Cesar y Max:
- Y, que tal?
- Fantástico. Vamos de vuelta.

De vuelta en cabecera de pista listos para el segundo vuelo del día. Todo está bien, pero el viento un poco flojo y salimos. De vuelta a mi señal salimos, la_colo se eleva y algo va mal. En la carrera desvío sin querer a la izquierda, subo un poco, la_colo no termina de acomodarse y yo casi no la ayudo. Subo otro poco y hasta ahí llegamos.
Dicen que hay dos tipos de parapentistas: los que ya arborizaron y los que todavía. Después de este intento de despegue voy a mitad de camino. Yo terminé en el piso y la_colo abrazando un árbol. Los dos salimos bien, yo más rápido que ella porque había que sacarla con cuidado.
El epílogo de lo sucedido lo dio Cesar reclamando que esta bitácora debería llamarse “la_colo, el árbol y yo”, y no está muy errado. En fin, aquel fue el último intento de la tarde, ya por la hora y ya porque una de las radios quedó sin batería.
Apenas van un par de vuelos y quedan todavía algunos porrazos y muchos vuelos más. Total, la vida golpea más y mucho mas fuerte a veces, pero lo importante es que todos los golpes se olvidan allá arriba.

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