Con los pies acariciando tristemente el suelo. Ese es mi estado desde aquel 1 de mayo en que hice mi 1er vuelo. Está por cumplirse un mes de eso y sigo fijo aquí abajo.
La adultitis es muy densa, nos llena de obligaciones para las cuales la vida nos prepara, para eso están los viejos, para que desde chicos los observemos y sepamos lo que nos espera.
Los primeros síntomas de la adultitis se manifiestan con la independencia económica, aunque tal cosa sea relativa. Solo cambian las personas que nos entregan el dinero y lo que tenemos que hacer para poder recibirlo.
Durante la infancia solo tenemos ser hijos, trabajo duro si los hay. Nuestros jefes son los viejos, jefes exigentes si los hay. Nos exigen de todo. Buenas calificaciones, llegar temprano a casa, tener buenas amistades, comer toda la comida, usar ropa que no nos gusta, en fin, la lista es extensa.
El dinero que recibimos nunca es suficiente para tantas exigencias.
Con la adultitis las cosas no cambian mucho, no?
Cuando somos niños tenemos un escape. La imaginación. Es fácil escaparse y volar en sueños. Cualquier tarea que nos den puede convertirse, a veces y con mucha voluntad, en una gran aventura.
En la adultitis el mejor escape, para nosotros que estamos cuerdos, sigue siendo volar, dejarnos llevar por el aire, flotar, mirar todo desde arriba, escuchar silbar el cordaje de nuestra vela.
Es maravilloso dar ese 1er empujón, dar unos pasos y mágicamente caminar en el vacío y acomodarse en el arnés y olvidarse de todo. Dejar abajo, no detrás, si no ABAJO todos los problemas, todo de todo. Todo de todo.
En fin, este fin de semana decidí dejar abajo todo, la espera es demasiado espesa, el tiempo transcurre muy lentamente frente a mi pc todos los días. Allá arriba a lo mejor para demasiado rápido, pero cada segundo es inolvidable, y los buenos recuerdos son los importantes.
Todo lo demás no importa.
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